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Punta del Este

Mientras Carmen y Manolo estaban atrapados en un congreso, Fer, Helen, Cristina y Gustavo descubríamos los pueblos y rincones cercanos a Punta del este. Punta, para poneros en situación, es lugar de veraneo de Carlos Slim y mil y un más de multimillonarios conocidos o no. Todas las casas están construidas con el último diseño y las ventanas son todas de cristal y sin cortinas para que se pueda ver lo que hay dentro. Vamos, un despilparre….cuando paseas por las calles de punta y sobre todo de la Barra (pueblo de al lado) no puedes dejar de abrir la boca flipando con los casoplones que se marca la gente de aquí. Muchos de ellos son argentinos y brasileños que lo que quieren es que les vean pasear, veranear y lucir palmito por aquí. A nosotros nos hizo mal tiempo y no pudimos disfrutar mucho de la playa, que era a lo que veniamos en parte. Primero visitamos los pueblitos de Jose Ignacio, La pedrera y La paloma. Todos son pueblos de verano, cada uno con un faro que alumbra el cabo donde se encuentran y que cobija las playitas. El que más nos gustó fueron La Pedrera y San Ignacio, que eran un poco menos snob y tenían unas bonitas playas de arena con mucha pero que mucha corriente. Gustavo, que se apunta a un bombardeo, fue el que nos picó para meternos en las gélidas aguas del oceano y al menos poder decir que habíamos mojado el culete. Nos dolían hasta las piernas, ni en Galicia. Eso sí, al salir no sentías ni pizca de frio. Comimos mucho pescadito, tomamos muchas cervecitas y para acabar el día nos colamos en la finca donde se celebraba el congreso y en el que se encontraban Carmen y Manolo. Según Manolo no ibamos adecuadamente vestidos para aquel evento pero a nosotros nos dio igual y fuimos los primeros en pedir a los parrilleros que nos hiciesen más carne ya que se había acabado mientras disfrutábamos de unas buenas copas de vino. Era la parrilla más grande y con más salchichas que habíamos visto en nuestra vida. El evento parecía una boda, todos bebidos, bailando y atacando la comida y los postres como pequeños animalitos. Portada.

Uruguay: Punta del Este

Al día siguiente Carmen se escapó del congreso dejando a Manolo con el marrón y se vino con nosotros a disfrutar de Cabo Polonio. Está a un par de horas de viaje y luego tienes que pillar un camión que te adentre en el parque natural. No está permitido el acceso con tu coche, solo andando o en el camión. Nos subimos en lo alto del mismo mientras nos tapábamos con millones de toallas para resguardarnos del viento frio. Y es que nos han engañado, en Sud América no ha llegado el verano. Cuando vas adentrándote en el parque te das cuenta de que estás en medio de la nada. De repente y a lo lejos empiezas a ver casitas y como no, el faro de Cabo Polonio. Algunos conoceréis a Jorge Drexler, y su canción de 12 segundos de Oscuridad hace referencia a este faro. A nosotros nos encanta y estábamos con unas ganas locas de verlo. A nosotros el lugar nos encantó, super salvaje, millones de leones marinos y mucha paz. La pena fue el frío que no nos dejó bañarnos y tuvimos que irnos del lugar pronto si no queríamos que se nos helasen las ideas. A este lugar, sí o sí, volveremos. Portada.

Uruguay: Cabo Polonio

De vuelta en punta comimos el mejor pescado del año en un lugar llamado, “Lo de Charlie”. De hecho nos gustó tanto que fuimos allí 2 veces en las 3 noches que pasamos en Punta del Este. Fresco y cocinado como en casa, todos nos chupábamos los dedos.

Ya se nos acaban los días de Uruguay y nos despedíamos de Carmen, Gustavo, Manolo y Cristina. La despedida para Cristina no fue nada dura ya que sabía que en un par de días estábamos de vuelta en casita. Y sí, Gustavo, cuando vengas tendrás esa paella que te prometimos en vez de con medio y medio con tinto de verano J Gracias por cuidarnos tan bien!

Montevideo

Llegamos a Montevideo destrozaditos después del concierto de The Killers en Buenos aires, pero el viaje en barco y en bus se nos hizo corto porque nos esperaban en Montevideo los padres de Fer!. No lo sabían, pero justo un día antes habían llamado desde el trabajo de Fer para ver si podía reincorporarse antes. Solo nos quedaban estos días con la familia y unos días en Rio para acabar con nuestro periplo. Por ello, nos decidimos a disfrutarlo más todavía y pasarlo bien. Nada más llegar al hotel, nos recibieron con lluvia de confeti, petardos y abrazos para todos! Llevábamos unos 11 meses sin ver a su familia. Nos fuimos en seguida al mercado del puerto. Aquí en Uruguay, el asado es también religión, y siendo sábado más todavía. El puerto antiguo está repleto de parrillas donde darle a la mandíbula. Las calles y los restaurantes estaban abarrotados porque sin saberlo nosotros cuando elegimos las fechas, al día siguiente habría elecciones. Allí nos tomamos unas botellitas de medio y medio (mitad champagne, mitad vino blanco) y carne para parar un tren. Bien calentitos al sol nos pusimos al día de todo. Nos acompañaban Carmen, Patricia y Gustavo, nuestro gran anfitrión aquí en Uruguay! El domingo nos cayó una lluvia de las que no hemos visto en todo el año así que el paseo por el mercadillo de antigüedades se nos quedó corto. Ese día para colmo, el Madrid perdió contra el Barça (Víctor y algún otro estarán contentos). El día cambió por la noche, cuando los uruguayos se tiraron a celebrar el resultado de las elecciones sin importar el chaparrón. Había ganado con amplia mayoría la izquierda.

Estatua de Artigas IMG_5665 Celebrando IMG_5704 IMG_5690 IMG_5697

El Frente lleva solo 4 años en el poder después de casi 35 años de derecha, y el último presidente es más que admirado. No se pudo presentar de nuevo, pero el partido volvió a ganar con mayoría! Aquí el presidente no está visto como un revolucionario, como en España, pero si es verdad que lo fue. Fue Tupamaru e incluso su mujer ha dicho no hace mucho “…bueno, las armas son una opción que nunca se ha de desechar…”. Gustavo, que nos pone al día de todo nos dice que Uruguay es el país más tranquilo y estable de todo Latinoamérica. Es verdad. Al día siguiente nos dimos una vuelta por el centro, por lo que sería la Gran Via de Montevideo y la tranquilidad es pasmosa. Casi sin coches y con una mentalidad de país pequeño, se puede pasear tranquilamente por las calles, charlar con ellos y pensar en cómo el rio de la plata separa a estos dos países hermanos con una mentalidad tan dispar. Con el mate bajo el brazo todos pasean por la rambla sin prisa, disfrutando del sol y la brisa. Las reuniones en las plazas con un café y medias lunas de merienda son una costumbre de todos los días y por la noche, tomar cervecitas en las terrazas hasta que salga el sol.

También nosotros nos transformamos en uruguayos y pudimos ver bien el monumento a Artigas en la plaza, ver el edificio que fue el primer rascacielos de Latinoamérica de todos los colores, pasear por la rambla, tomar unos alfajores y panchos (así llaman a los perritos calientes aquí) mientras Gustavo nos cuenta más y más anécdotas del país. Sin más, nos alquilamos un coche que nos íbamos a Punta del Este a ver si pillamos un poco de playa. Portada.

Uruguay: Montevideo