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Cañon del Colca

Esta ha sido nuestra segunda aventura  en Perú y no os imagináis lo que nos ha gustado. En nuestro segundo intento cogimos el bus de las 3 de la mañana con unas legañas hasta los pies y una pequeña mochila que parecía pesar una tonelada. El bus tardó 6 horas en llegar hasta Cabanaconde, donde desayunamos un mate de coca para acostumbrarnos a la altura. Íbamos los tres con una sonrisa en la boca porque estábamos en el camino hacia el segundo cañón más alto del mundo. El más grande, con solo 150 metros más, también está por la zona; es menos visitado ya que desde Arequipa son 10 horas de bus. (Nosotros además nos íbamos a quitar la espinita del Cañón del Colorado, hehheheh!. Sin guía y con un mapa hecho en un pedacito de papel nos fuimos para ya. Antes hicimos una mini parada en la cruz del cóndor pero no vimos nada porque ya era tarde para ver a los cóndores volar. Al bus de vuelta corriendo que nos quedaban muchas horas de pateada hasta el destino.

Cañonazo!

Dejamos el auténtico pueblin de Cabananconde atrás para empezar a bajar hacia San Juan de Chucho. Son 4 horas de bajada con unas vistas de las montañas andinas espectaculares! Durante la primera hora y hasta encontrar el sendero de bajado nos preguntamos mil veces si estaríamos perdidos. Ni un alma a quien preguntar. Nos tranquilizó después de un par de horas de bajada ver un grupo de trekers y los pueblitos del valle. Íbamos por buen camino! La bajada era empinada y con suelo arenoso y rocoso con  lo que tenías que ir frenándote y haciendo equilibrios para no caer. Con las rodillas doloridas cruzamos el puente del punto más  bajo del cañón. El poblado de San Juan de Chucho ya solo estaba a 30minutitos de subida. Nuestro plan inicial era llegar a Tapay, hora y media más de subida, pero nos tuvimos que parar allí por la lluvia. Encontramos unas pequeñas cabañas donde cenar, jugar a las cartas y caer rotos. Estuvimos hablando mucho con Víctor, un catalán de 24 años que como nosotros se ha aventurado  3 meses por Sudamérica. Hemos hecho de el un gran compi de viaje con el que a día de hoy seguimos descubriendo Perú.

El día siguiente el camino se nos hizo más bien corto. Salvo una subida el resto de bajada bastante fácil. Disfrutamos viendo la vida de la gente del cañón y no salíamos de nuestro asombro al ver la pared por la que habíamos bajado el día anterior. Se ve trajín con las mulas y demás, pero los pueblos por la mañana son fantasmas, nos costó la vida encontrar un desayuno, no lo logramos. De nuevo cruzamos el puente para llegar al Oasis, el punto más cercano de Cabanaconde. Allí disfrutamos un buen chapuzón y una buena tarde de relax tirados en el césped asustados por lo que nos tocaba subir mañana; además, nuestro orgullo nos impedía contratar una mula. El señor de las cabañas, sin agua ni luz, era bastante raro, vivía allí solo todo el año. Esa noche, a falta de provisiones, debía subir hasta Cabanaconde a la luz de la luna llena subido en su mula. Eso sí, nos dejó la cena y par de recados que dar si venía alguien durante la noche. Del fuego nos ocupamos nosotros.

3 horas de subida igual de empinada que la bajada del primer día nos dejó sin aliento pero orgullosos de nosotros mismos. Habíamos salido a las 5 de la mañana y a las 8 celebrábamos la caminata con un buen desayuno. Creemos ha sido la caminata más dura de nuestra vida…. Esta es la portada  pero no os perdáis el resto de fotos para ver el paisaje y lo en forma que estamos, jajaja.

PERU: Cañón del Colca

Otro bus local de 6 horas hasta Arequipa para empalmar con otro de 10 a Cuzco. La ducha entremedio nos supo a gloria, y la comilona reponedora de fuerzas también. Caímos rotitos en el bus, mañana nos despertamos en la mágica capital Inca.

Arequipa

 Arequipa iba a ser nuestra primera cuidad colonial del Peru y como en Mexico, nos enamoró. Nos quedamos en una posada chiquitina cerca del centro llamada Home Sweet Home y nos recorrimos la cuidad. Nos encantó la plaza de armas, con la catedral y los Andes como unna peineta puesta encima! Para colmo, muy cerca esta el volcan del Misti, aún activo y que también se ve desde la plaza. Esta cuidad y la costa han sufrido muchos terremotos y en uno hace solo unos años la catedral perdió hasta una de las torres. Nos molestó un poco no poder entrar en  la catedral por estar en misa. Es la primera vez que no nos dejan entrar en una iglesia! ni para “rezar”!. Esta es la portada.

PERU: Arequipa

Lo que más nos gustó de Arequipa fue poder andar tranquilamente por la cuidad y por dentro de convento de Santa Catalina. Es una pequeña cuidad dentro de la cuidad. El convento en sus primeros años recibía a las hijas de los nobles españoles con dinero. Pero no eran monjas normales, tenian hasta 4 sirvientes, normalmente negros africanos, celdas con cocina privada, invitaban a artistas y músicos, vamos que eran unas monjas algo fiesteras. Todo se acabó cuando llegó una madre superiora amiga de la inquisición, largó a las monjas y liberó a los eclavos, algunos se quedaron alli, y lo convirtió en un convento de clausura.

  Santa Catalina   Convento Santa Catalina

Ahora lo tienen pintadito con colores vivos y bonitas flores…ademas de poder disfrutar de unas vistas espectaculares en el tejado del coro! Para acabar el primer día nos subimos a la azotea del hostal a ver la puesta de sol, donde conocimos a Victor, nuestro nuevo compañero de viaje. Al día siguiente intentamos irnos al cañon del Colca, pero no habia billetes en el bus de las 6 de la mañana. Decidimos tomarnos el día con calma y lo único que vimos fue el museo de Juanita “la princesa de hielo”. La historia de este sacrificio humano de los incas es espectacular. Resulta que por la erupcion de un volcan cercano que derritió el glaciar se pudo hacer la expedicion que significaría el descubrimiento de esta momia. La niña fue elegida desde su nacimiento como sacrificio hacia los APU o dioses de las montañas. Con poca comida, un  alcohol muy fuerte, mucho frío y un golpe seco en la cabeza se acabó el viaje hasta la cima para esta pequeña de sólo 14 años. El museo es pequeño y los guias son lo mejor que hemos visto en todo el viaje. Al día siguiente, seguimos camino al cañon del Colca a las 3 de la mañana!!!

Huacachina

La llegada al continente Sudamericano fue una matada de vuelo desde NY hasta Lima por la noche y la consecuente búsqueda-lucha por el taxi hasta miraflores donde sobamos el resto de la mañana. Por el día nos dimos una vuelta rápida por la cuidad entre las las plazas de armas y las calles de cerca. Lo mejor fue coger los minicombis de ida y vuelta en que venden de todo, desde caramelos y herramientas para la casa. Una cenita por el barrio y a la piltra que nos íbamos de esta cuidad no muy atractiva…

Nuestro destino era Huacachina, un oasis a 6 horas de bus de Lima que tiene una historia curiosa. Antiguamente este oasis con su lago, palmeras y dunas de fondo era un destino de vacaciones para la gente adinerada. En algunas de las orillas aún se conservan los vestuarios de madera tan típicos de las imágenes de los años 30. Ahora se ha convertido en un destino turístico todo repleto de bares y hostalillos pero guarda un atractivo especial al estar rodeado de millones de dunas preciosas. Ya habíamos hecho amagos de ir a algún desierto durante el viaje pero ninguno cuajó, muchos recordaréis la huida de Wadi Rum en Jordania, jajajajaj! Elena era la primera vez que veía uno de esas dimensiones y no salía de su asombro. Portada

PERU: Huacachina

La noche nada más llegar se alargó más de lo esperado, y es que esta ciudad esta llena de sorpresas. Empezamos a cerves con un neozelandés que conocimos en el autobús y acabamos en un bareto con otro grupo de español, italianos y argentinos dejándonos las muñecas en el futbolín hasta largas horas de la noche. Aunque la calle parezca muerta y pienses que todo el mundo duerme, hace falta entrar dentro de algún hotelillo para encontrar dentro un garitazo con música y ambiente. Una anécdota curiosa, hay uno en especial en el que entras, pides algo de comer, un zumo o lo que sea y como tapita lo acompañan con un platito de marihuana, jajajaja.

El día siguiente lo pasamos entero allí para conocer el lugar de día. Además de un desayuno con calma, un paseo por el lago y un bañito refrescante en la piscina, nos apuntamos a la excursión de buggie por las dunas y sandboarding. El sandboarding era cuanto menos curioso, aunque tirarte de cabeza con la tabla por una duna de 100m y bastante inclinación resultó bastante impactante. El buggie nos dejó sin habla, la mejor montaña rusa de nuestra vida y encima controlada por el cabra del conductor. Creemos es la experiencia más parecida que tendremos nunca a sentirte como en un rallie. Os dejamos el video, que aunque no se aprecie la velocidad, la altura ni la impresión, os podréis hacer una idea de lo teta que lo pasamos.

La puesta de sol se nos escapó, solo vimos los restos rojizos, pero la tarde había sido increíble y sentirse en mitad del desierto la bomba. Tentempié y duchita rápida antes de coger el autobús nocturno hasta Arequipa, nuestro próximo destino.