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Reencuentro con Joel en su granja de Ashburton

Dejamos Franz Joseph tal y como lo habíamos encontrado, el agua caía sin cesar y  la visibilidad comida por la niebla era casi nula. Íbamos dirección hacia Ashburton, un pueblo cerca de Christchurch donde nos reencontraríamos con Joel en su granja lechera! Le conocimos en la India hace ya 7 meses y le prometimos venir a verle, nos moríamos de ganas. El camino hasta allí fue precioso y el mal tiempo lo hacía aún más místico y especial. Cruzamos la isla sur de Oeste a Este por un camino llamado Arthurs Pass que estaba comido de nieve y hielo. Íbamos gozando del paisaje hasta que oímos una sirena ….mierda, nos están parando! Fer iba demasiado pegado al de delante y ahora ya está fichado por la poli. Sin preocuparnos demasiado seguimos disfrutando del trayecto. A lo lejos, detrás de las montañas y del arco iris se podía ver un cielo azul, aceleramos hasta él con una sonrisa enorme y acompañados de música brasileña. Después de pasar por debajo de miles de arco iris más llegamos al lado este de la isla que suele gozar de todo el sol que no hay en la oeste.

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Llegamos a Ashburton y con las indicaciones de Joel y algún viejecillo local encontramos su granja. Está perdida en medio de la nada después de hacerte unos buenos kilómetros por camino de gravilla. Fue genial volverle a ver y más en su vida cotidiana de la que nos había contado en la India. Lo malo es que no tiene apenas tiempo, tiene una jornada de entre 15 y 16 horas y se le veía destrozadito! Nos recibió y nos quedamos un rato viendo como ordeñaban a las vacas. Vaya despliegue de maquinaria, todas en círculo subidas a una máquina mientras se turnaban de unas a otras la maquina de absorción. Le esperamos en su casita calentitos hasta que acabó su trabajo. La casa tenía millones de ventanales por todas partes y se veían los pinos, las praderas y a lo lejos las montañas nevadas. La luz de la tarde era espectacular.

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Con las pocas energías que le quedaban al pobre salimos a cenar. Hamburguesote de filetón y cervecita en el típico pub local con música en directo. Él llevaba 2 semanas sin salir de la granja y tomar el aire le vino genial! Por la mañana nos enseño algo más del lugar y vimos a los terneritos recién nacidos. En esta época nacen cerca de 20 al día y joer, son enormes para acabar de salir… Portada!

Nueva Zelanda: Granja Joel en Ashburton

 

Sin querer interrumpirle más nos subimos a nuestra furgo y a la marcha. Hoy la devolvemos en el aeropuerto de Christchurch y pasaremos noche allí que mañana volamos de vuelta a Auckland. En 24horas más llegaremos a Los Angeles…

Franz Joseph on the rocks

2 días en Franz Joseph acompañados como viene siendo costumbre en Nueva Zelanda por lluvia, niebla y frío y las excursiones al glaciar habían sido canceladas una vez más por riego de avalancha…tanto de nieve como de rocas. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, la tercera noche nos la daban gratis en el hostalillo y las predicciones de tiempo mejoraban para el tercer día…

Nos despertamos tempranito y vemos con una sonrisa en la cara que amanece sin lluvia! Yabadabadooooooo! Tenemos la excursión del día al glaciar de Franz Joseph, al que llamaron así porque quien lo descubrió, dijo que le recordaba a la larga barba blanca de un canciller austriaco. El día ha sido genial, desde el momento en que nos han dado el equipo, nos hemos puesto los crampones y hemos tocado el hielo. Subir, bajar, escaleras, cuevas, salta, trepa… lo hemos hecho todo. Las fotos lo dicen todo, la primera es la portada.

 

                         Nueva Zelanda: Franz Joseph

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De mal en peor desde el Monte Tongariro hasta Franz Joseph

Nada más subir al coche volvió a acompañarnos la lluvia, las praderas que queríamos inmortalizar ya no estaban verdes sino oscuras, el paisaje con neblina y la conducción incómoda. No tardamos demasiado en llegar a unas cataratas, que por suerte estaban despejadas, que se encontraban de camino al Monte Mongariro, Haku Falls. Creo ese fue el último rayo de sol que hemos tenido. Lo más impactante de las cataratas no era el tamaño, sino la masa de agua cristalina que corría por ellas! Y es que parecía agua del caribe!

 

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De ahí en adelante todo se torció, poco a poco mientras nos acercábamos a nuestro destino entrábamos en la boca del lobo. Fer estaba asustado porque Elena quería hacerse un trekking para ir a lo alto de la montaña y ver los volcanes. La guía decía que te lanzases solo si eras montañista ya que necesitabas equipo de crampones y toda la pesca además de haber rescates día sí día también! El monte estaba cubierto pese a que pudimos ver el arcoiris imaginándonos la montaña detrás.

Nueva Zelanda: Desde Tongariro hasta Franz Joseph

En la ruta ya se notaba el balanceo del coche por el viento, pero fue al llegar a la cima cuando empezó la verdadera ventisca, si salías del coche te ibas de lado por el viento y el aire era gélido. Para los freaks del Señor de los Anillos,, aquí es donde rodaron Mordor, volcanes, nieve y viento incluidos. Aún así, con más moral que nadie entramos en la oficina de información. Todas las excursiones estaban canceladas por riesgo de avalancha, terremotos y fuertes vientos… Nuestra segunda opción era hacer Snow, un plan más caro y más teniendo en cuenta que toda la parte de arriba de las pistas estaban cerradas y que habría ventisca. Mañana veríamos, hoy solo queríamos refugiarnos del frío en una buena chimenea. Encontramos el sitio perfecto, en un cuarto de 8 solo para nosotros y un salón inmenso con chimenea privada ya que no apareció nadie en toda la noche.

 

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Mañana siguiente: llovía, no se veía más que 2 metros por delante, Elena se había puesto malita y solo queríamos volver a casita….Además es que todo aquí es caro de pelotas y eso cabrea aún más! Australia ha sido un poco desparrame y ajustarse el cinturón en un país como este es complicado… Nos quedamos sin ver montañas y caminito a Wellington. Fer conducía con viento y lluvia y Elena echaba cabezadas intentando calmar el dolor de oído. Nuestras pilas estaban agotadas, solo soñábamos con estar de vuelta en casita con todos vosotros y gozar de un verano con calor. La paradita en Wellington fue una tarde ya que al día siguiente teníamos un ferry a la isla sur. Sí sí, aún más frío y más cerca de la Antártida! Cine, cafelillo caliente y a recuperarnos básicamente.  Aún así, lo poco que paseamos la ciudad parece guay!

6 de la mañana y suena el despertador. Además, habíamos pasado muy mala noche y apenas habíamos dormido. Con la legaña casi sin lavar nos dirigimos al Ferry. Eso era peor que dormir en la furgo, no sabéis el frío que hacía ahí dentro, todo dios con gorro, térmicos y mil capas intentando dormir. Lo bueno es que poco a poco se fue calentando la zona y se estaba más agustito. De hecho hasta salimos un ratito a cubierta a ver ballenas, delfines y un paisaje espectacular. Praderas y montañas de bosque verde en primer plano y montañas nevadas en segundo. Desembarcamos y casi sin haber dormido nos tocaba paliza de 7 horas de coche hasta el glaciar de Franz Joseph. Un poco más de lo mismo, lluvia, viento y no querías ni arrimar la mano a las paredes del coche porque igual se quedaban pegadas. Hoy Fer lloraba más…..¿Cómo me convenciste? me decía. Y es que en parte tiene razón, Nueva Zelanda es mucho paisaje y cuando lo invade la niebla pierde su gracia. Cuando llegamos a nuestro destino no os podéis ni imaginar la masa de agua que caía. Seguíamos llorando….

 

 

Los volcanes de Rotorua

Con el camino hacia el sur, entrebamos más todavía en la zona volcánica de la isla norte. En esta zona se dice que empezó el mundo! hheheheh. Queriamos llegar a un valle donde puedes ver miles de crateres, geyzers y terrazas volcánicas con miles de colores. Llegmos un poco tarde y decidimos hacer el treck a la mañana siguiente. Sin saber donde meternos para pasar la lluvia y el frio, la solución nos la dió una de las señoras majas del parque natural. Y es que aquí son muy majos, muy campechanos y en seguida te echn una mano y te dan una sonrisa, mas aún que en tierras australianas. Resulta que cerca había un camping con piscinas termales. Por sólo 16 euros nos dejaban aparcar la furgo en el camping, usar los baños y cocina y bañarnos el tiempo que quisiesemos. Resultó ser bestial la experiencia de bañarte en un agua hirviendo mientras llueve fuera. Portada.

Nueva Zelanda: Valle volcánico Rotorua

Vimos que todo el agua caliente salía de un manantial cercano, el más grande de agua hirviendo que hay en NZ. Nos arrugabamos como pasas y pensabamos que no saldríamos hasta que nos echasen de la piscina. Mientras entrabamos en calor y cambiabamos de piscina iba anocheciendo, lo que nos decía que era hora de comer, arroz a la cubana! A la furgo de vuelta con una peli para caer bien dormiditos!

A la mañana siguiente antes de salir hacia el paseo, decidimos repetir de tanto que habiaos disfrutado y también asi volver a entrar en calor. El paseo nos encantó, con la neblina que se forma en los valles, las historias de las erupciones, algunos turistas que han palmado en la zona desde los años 20 por diferentes erupciones, los lagos hirviendo y los mil colores de las rocas. Pena que el geyzer que antes lanzaba agua hasta 400 metros de altura estuviese inactivo…

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Ya salimos hacia el Monte Mongariro con alguna paradita por el camino si el tiempo lo permite!

 

Peninsula de Coromandel

Pese al madrugon, tuvimos la suerte de que Brendon nos hiciese un favorazo recogiéndonos y llevándonos hasta el sitio de alquiler. Salimos de Auckland después de pelear duro con los del alquiler de la furgo. Habíamos elegido esa furgo por sus extras (conexión ipod, DVD, Cocina desplegable…) y ninguna de esas cosas funcionaba! Dos horas de espera pero nos marchamos con todo impecable y descuento en el precio. A veces quejarse tiene su recompensa! Nos esperaba la carretera de la costa hacia el sudoeste y nada mas salir de la cuidad volvimos a alucinar con la naturaleza y las vistas espectaculares. Cuando no es montaña de bosque, es pradera verde con ovejas y vacas. Se ve algún pueblin pero ¡sabéis que en Nueva Zelanda sólo hay 4 millones de personas?! Para quedarse tirado en la carretera. Intentamos coger un atajo para recuperar las dos horas perdidas y nos encontramos de nuevo en una carretera de tierra y barro con selva tropical por todos lados. Sólo cabía un vehiculo y la suerte nos acompaño al no cruzarnos con casi ninguno, íbamos a 10 y pitando en cada curva!

Ya en la costa nos esperaba la atracción de la zona, HOT WATER BEACH. Si, si, aunque suene a coña pero te puedes bañar en el mar haciendo una piscinita con una pala mientras hace un frío helador en el mar. Debíamos esperar, eso si, a la marea baja, así que para hacer tiempo nos fuimos a un pueblin a sólo 5km para ver la Cueva de la Catedral. Tienes que hacer un minitreking para bajar a la playa, una calita. A la derecha tiene la cueva, a la izquierda una minicascada y al frente peñotes en el mar a modo Bahía de Halong. Una tenía hasta forma de menina! Se parece un poco a lo que vimos cerca de Melbourne! Portada del albúm.

Nueva Zelanda: Península Coromandel

El paseo fue espectacular, y más de vuelta, cuando pasamos por una zona de bosque en la que hasta David el Gnomo habría soñado vivir. Helen esta convencida de que existen los gnomos y que viven perdidos por nueva Zelanda.heheheeh.

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De vuelta en la playa con la marea bajando, la gente se lanzaba a hacer sus murallas para mantener el agua caliente mientras los últimos surfistas se salían del agua. Con algo de pereza, un cielo gris que daba miedo, viento y olas nos fuimos medio vestidos a ver como era. Se acercaban las 6 de la tarde, cuando anochece pero nos remangamos los pantalones y mangamos el intento de piscina a un grupo que acababa de irse. Al principio nos encantó y ya estábamos soñando con pillar la marea baja de la mañana siguiente y hacernos una foto en bikini dentro de la piscina con el gorro puesto. Eso fue hasta que llegó una ola, llevándose nuestra piscina, nuestro sueño y dejándonos empapados hasta la cintura.

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Descompuestos fuimos corriendo hasta la furgo con los pies dormidos del frío. Como último esfuerzo, empapados y teniendo que dormir al raso, hicimos algunos kilómetros más hasta otra playa menos turística en la que no vendría a por nosotros el ranger a multarnos. Fer se curro durante 30 minutos los mejores carbonara del siglo y para dentro a vernos una peli otra vez recogiditos entre cinco edredones. Helen tuvo pesadillas esa noche, no paraba de llover y el camino por el que habíamos bajado hasta la playa lo veíamos cada vez más encharcado. Al día siguiente vimos que estábamos en una playa con su rio igual de bonita pero la lluvia lo jodía todo, mirad a Fer en la foto.