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Hong Kong

Ya los ojos se han achinado del todo. Pasamos del caos y la poca civilización a una tan ordenada y moderna que casi no sabemos ni como comportarnos. El hecho de llegar a un aeropuerto en el que las maletas llegan antes que tu, las filas se respetan, los procesos son más rápidos, el metro sale del mismo aeropuerto y lo más más sorprendente todo está tan limpio que apetece tirarse al suelo nos dejó totalmente boquiabiertos y sobre todo desconcertados. Llegamos a las 12 de la noche y en 30 minutos ya estábamos en el guest house. Es un “pick” de la Lonelly Planet (para los que no lo sepáis, se trata del mejor hotel en su categoría, no siempre tienen un “pick”, con lo que suele estar genial) y aún así son 3 metros cuadrados a modo habitación de hospital en el séptimo piso de una torre llena de otros hostalillos, lavanderías, sitios de cambio, tiendas 24 horas y demás cosas que te encuentras en un hostalillo cutre de la Gran Vía de Madrid. Pintillas en la entrada, nos sorprendió la cantidad de negros que había, muchas chicas ligeras de ropa por la zona y algún turista. Al subir nos hizo mucha gracia, la recepción (un cuartucho donde viven los 2 jóvenes encargados) olía a gambas fritas. Nos llevo a la habitación por las escaleras o más bien vertedero al piso de abajo y nos enseñó nuestra suite. Al final, pese a tener que ducharte casi encima del váter, nos pareció bien, estaba limpia y tenía una pequeña ventana (bueno, hoy que es la segunda noche hemos visto bichitos).

Esa misma noche salimos a ver la city en busca de una copa, el frío (creíamos que seguíamos en la India) nos pudo y tuvimos que volver a nuestro hogar con un paquete de comida china para llevar, nos supo a gloria sentir en la boca algo que no era indio. No pudimos ver mucho ya que las luces de la bahía estaban apagadas y además muy nublado.

Hoy hemos madrugado para ver la ciudad. Esto ya era otra cosa, rascacielos, luces, y con un café take away en la mano, hemos decidido pillar el ferry para cruzar a la isla de Hong Kong y meternos en el meollo. Nos lo imaginábamos caótico, tráfico, pitidos y miles de personas ejecutivas por las calles. Para nuestra sorpresa todo era paz, calma y tranquilidad, apenas se oían los pitidos de los coche. Nunca sabes como acaba una calle, lo más probable es que sin quererlo acabes en un centro comercial o un túnel o una escalera mecánica que es probable acabe en otro centro comercial o puente o cualquier bicho raro que no sea una acera en la calle. A la salida del ferry hemos tardado como 10 minutos paseando por los túneles de la ciudad sin pisar tierra firme. De hecho, tienen las escaleras mecánicas más largas del mundo y estamos seguros de que el mayor número de centros comerciales por metro cuadrado. Todo nos sorprendía y gustaba, las calles, los rascacielos, la gente, los parquecillos. Hemos paseado hasta perdernos por la ciudad, la gente es majísima y siempre te indica el camino y te da consejos. En uno de esos paseos hemos llegado al Peak Tram, tranvía que te sube a lo más alto para divisar la bahía, la mayor atracción turística de Hong Kong que nos ha encantado. Es el medio de transporte más antiguo de la ciudad, sorprende viendo lo empinado que es, en momentos creemos que llegaba a los 60º. Al llegar a la cima (550 metros de altura) entras directamente en otro centro comercial que arriba tiene un mirador. Era una pena porque estaba muy nublado y no se podía apreciar demasiado bien todo.

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Al bajar hemos dado otro paseo hasta el banco de China, rascacielos que permite la entrada a turistas hasta el piso 43, las vistas estaban bien, si se pasa por en frente merece la pena subir, pero tampoco era espectacular. Tranvía hasta Soho donde hemos comido en una terrazita local muy cutre pero muy guay y muy rico. EL pollo nos ha dado un poco de asquete porque lo ponen con mucha piel y con los huesos y sangre, aj!

Nos hemos metido en un par de tiendas espectaculares, aquí con pasta y si te gustan las compras eres el rey. Todo a la última moda y muy fashion. Lo mejor del día, un copazo riquísimo en un sitio cheak con vistas viendo el espectáculo de luces de Hong Kong. Increible, pero esta vez la Lonelly nos ha fallado, no decían nada y lo hemos visto de milagro (si alguien viene a Hong Kong es a las 8 de la tarde). Hasta ese momento Hong Kong aún no nos había impresionado tanto como creíamos, solo por verlo de nuevo nos hubiésemos quedado un día más! Con una bandeja de Sushi nos fuimos a nuestra suite a cenar que al día siguiente madrugábamos muy mucho!  Ahora nos vamos a Beijin con unas ganas locas que viene mi Family (Elena)!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Pinchad en esta foto que es la portada del album!

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