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El Salar de Uyuni

Llegamos a Uyuni cuando el pueblo dormía y casi nos quedamos en la calle porque Fer y la encargada del hostal no se entendieron entre las legañas. Al  día siguiente nos pusimos con los recados propios de antes de un tour de 4 días por el desierto; llamar a casa, proveernos de vino, cargar cámaras e ipods, lavar ropa, Internet..y sobre todo negociar con la agencia el coche, precio y recorrido que haríamos por el salar.

Ahora sí, con el guía y un Land Cruiser nos fuimos los 6 sabiendo que íbamos a disfrutar. Solo 30 minutos tardamos en llegar al cementerio de trenes, y es que Uyuni y las minas cercanas hicieron que los ingleses se currasen una línea de tren que todavía se usa. Aquí en mitad del desierto quedaron las antiguas locomotoras desaguazadas. Primera parada: 300 fotos.

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Seguimos y llegamos al Salar propiamente dicho. Los montículos de sal y recorrer el camino encima de una alfombra de octógonos nos dejaba de piedra. Segunda parada: 200 fotos.

Esa noche dormimos en un hotel a orillas de un volcán en el que los ladrillos, las camas y las mesas estaban hechos de sal. Volvimos al salar para no perdernos un gran atardecer. Tercera parada: 500 fotos. Nos lo pasamos como enanos saltando y viendo los mil colores que aparecían reflejados en los  charcos y en el cielo. Bestial. Portada la primera.

 

Bolivia: Salar de Uyuni

 

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Como no, al día siguiente, a las 5.30 ya estábamos en mitad del Salar para ver el amanecer y disparar otras 500 fotos más con la cámara. Y es que uno no puede parar de alucinar con este seco lago salado. Tras el desayuno nos pusimos a patear y a subir el volcán extinto que quedaba al norte y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que a 4000 metros te falta el aire y te sobran vinos de la noche anterior.

El viaje de 4 días ha sido perfecto para conocernos mejor los 6. hablar, compartir música, jugar a las cartas, pero sobre todo sentir que teníamos nuevos colegas. Segundo día en el Salar y más fotos jugando con las perspectivas, otro atardecer y velada de buen rollo.

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Estas fotos son dedicadas a Paco (Planeta Fandos) para su nuevo hit, “Me he comido a mi novia”…(tenemos el copyright, jajajaja)

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El tercer día, con un madrugón de escándalo, sería duro. Casi con el pedo del día anterior algunos decidieron congelarse los huevitos con el frío matinal.

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Muchos kilómetros ya de camino a Chile y más fotillos con flamencos en los lagos verdes, blancos, rojos….

Molidos, con solo 4 horas de sueño en el macuto, y con un frio que nos hacía no sentir ni manos ni pies visitamos los geysers. La posterior pausa de baños termales y desayuno hizo que se nos quitasen todos los males. Ya solo nos quedaba despedirnos del guía (que de nuevo volvió a defraudar) y cruzar la frontera hasta San Pedro de Atacama en Chile. Segunda portada!

Bolivia: Lagunas, Volcanes, Flamingos....

Lo mejor ha sido conocer al grupo. Greg es un “nuevo fotógrafo” (link) desde hace 6 meses y nos mete el gusanillo de las fotos a todos. Emma no para de reírse y como a nosotros, le chifla cocinar, más aún si luego hay quesito y vino. Katia es la más extrovertida y energética. Artista surrealista que ha vivido su infancia en el norte de Mexico y ahora reside en Montreal no nos deja de sorprender con sus historias de no dormir. A Víctor ya le conocéis! El terrorista de la moda al que seguimos engañando a cada paso que damos para que nos siga, siempre con un piti y en la boca y comedor como una lima. Señores, otro país al saco…Bolvia genial, los bolivianos regular.  

Vale un Potosí?

Si no fuese porque Víctor estaba más emocionado que un niño pequeño por visitar las minas de Potosí nos habríamos pasado esta parada. A Elena no le hacia ninguna gracia esta excursión. Llegamos tarde y caímos en un hostalillo que dejaba bastante que desear después del de Sucre. Cenamos y nos preparamos mentalmente, sobre todo Emma y Elena para adentrarnos mañana debajo de la tierra.

Primero, parada obligatoria en el mercado de los mineros para comprar dinamita, coca refrescos y demás presentes para los mineros. El cerro era la montaña más fea que habíamos visto jamás. Subimos andando ni tan siquiera 100 metros y ya estábamos todos sin respiración, no nos queríamos ni imaginar lo que sería dentro del agujero. Entrando casi a 4 patas y viendo como poco a poco va desapareciendo la única fuente de luz crea un poco de agobio. A medida que vas avanzando se hace todo más estrecho, los gases y olores se acentúan y el polvo se mete por todo tu cuerpo hasta el punto que no puedes respirar y la nariz te duele a rabiar. La visita dura 2 horas y con 20 minutos sería más que suficiente. El “Tio” o “Demonio” de la mina es una esculturilla horrible en mitad de uno de los pasadizos a la que se le bendice y en la que se realizan ofrendas para que el mineral sea abundante. La mina es tal y como todos lo imagináis pero la vida allí resulta 10 veces más duro… tiene los carritos típicos, los rieles, y los mineros se lanzan subidos al carrito a toda pastilla por la mina! Para acabar la visita, que muchos esperábamos ya ansiosos, toco el momento de la dinamita. Se preparaban todas las dinamitas juntas y se hacían explotar en una de las laderas del cerro. La explosión, como las pelis, levantando y creando la típica nube de polvo marrón con un ruido que a muchos nos dejó tontos.

Como nota un poco de historia, deciros que esta fue la mina más importante para los españoles en todo Latinoamérica, que en un momento dado fue la cuidad mas grande de todo el continente americano y que por toda la plata que se sacaba de aquí empezó el dicho “Vale un Potosí”. Como ya os habíamos contado también, nuestro colega profesor jubilado era de aquí y le encantaba decir “Potosí, eso si!” Portada.

Bolivia: Potosí

Tras la visita nos quedamos extasiados y con el típico cansancio de haber pasado un mal trago. Buscamos algo de comida dando un paseo por todo el pueblo y al terminar nos montamos en un autobús caminito de Uyuni. Allí conocimos a Katia, una artista mexicana a la que fichamos para el tour del Salar al que nos dirigíamos. Poco a poco el grupo se agranda y las risas con tan buena compañía nos hacen pasar momentos geniales.  

De relax en Sucre

Efectivamente el aterrizaje en Sucre fué mucho más tranquilo. Llegamos tras 12 horas en un bus de lujo a una ciudad en la que el tiempo parecía haberse parado si se comparaba con la Paz. Tras unos buenos paseos encontramos un hostalillo tirado de precio pero oscuro y canijo. Nos daba igual, solo queríamos desayunar. Primero hicimos amago en el mercado, pero la sopa a modo cocido con chorizo en el medio nos parecía un poco bruto, lo dejaríamos para comer. En el desayuno conocimos a Laura y Sulik, ella madrileña y el ruso. Pasamos la mañana con ellos dando un paseillo por Sucre, casas coloniales, todo ordenado, parques y paz, mucha paz. Les acompañamos a su hotelillo ya que el nuestro no nos gustaba para ver si nos cambiábamos para el día siguiente. AL verlo nos enamoró, Fer dijo que si hacía falta pagaba los 4 euros de la habitación que costaba el otro pero que se mudaba. Habíamos encontrado el paraiso, un cuarto a modo japonés con una pinta limpito que daba gusto y un patio en el que pensábamos pasar las próximas 72 horas. Fuimos a por nuestras maletas al zulo, en el que nos dejaron desalojar sin pagar un duro y nos fuimos con una sonrisa al nuevo hotel. De camino volvimos a pasar por el mercado pero esta vez si compramos un buen chorizo con una buena barra de pan y la cervecita, casi casi como en España.
La verdad es que en los 4 días que pasamos en Sucre apenas salimos del hostal. Bueno, solo para ir al mercado e investigarlo hasta encontrar cada día algo nuevo que cocinarnos. Vivimos a cuerpo de rey bebiendo, comiendo y jugando a las cartas. La gente con la que coincidimos fué también de lo mejor de Sucre… un inglés llamado Ian (en las fotos compara su cabeza con una calabaza gigante, jajajaja), Keyle de Texas con el que salimos a descubrir la marcha boliviana, un australiano… y en especial una pareja de Ingleses con los que hoy en día seguimos viajando: Greg y Emma. Uno de los días organizamos entre todos una buena barbacoa que acabó alargándose hasta la noche. Parecía que la gente que llegaba a ese hotelillo se estancaba y acababa dejando pasar los días sin ni siquiera pensar en cuando partiría…. Fueron unos días muy tranquilos, agradables y en los que hicimos buenos coleguillas!

A todos nos hizo mucha gracia vivir en esta corrala ya que entre los vecinos estaba Alejandro “Dumas”, un exprofesor militar jubilado que nos contaba cosas del país, rimas cachondas, se metia con nosotros los españoles conquistadores y ligaba con las suecas. Al fin Emma puso orden y nos propuso que viajásemos con ellos a Potosí, nos parecía gente muy maja y además debíamos levantar el campamento. Ya se nos van acabando los días y no contamos con tiempo ilimitado 🙁

Portada.

Bolivia: Sucre

 

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La Paz, incapaz

Con estas palabras nos describian los propios bolivianos esta cuidad…Después de un autobús no largo pero matador llegamos a la Paz. Como ya contamos, llegamos a la Paz por la Ciudad del Alto, una ciudad en la que la mierda y la basura desbordaban por las esquinas, millones de perros callejeros y mucho desorden. Una primera impresión bastante mala para aterrizar en una ciudad tan grande. Caímos en un hostalillo o más bien Pub Irlandés en el que había borrachillos por todos lados. Eso sí, las camas eran excepcionales. Nosotros estábamos molidos y encima de resaca con lo que cambiamos el cubata por un buen vasito de leche y a mimir. Las apenas 24 horas que pasamos en la Paz tampoco fueron demasiado productivas. Estábamos bastante cansados y queríamos un lugar tranquilo para pasar los próximos 3 días con lo que no le dimos una oportunidad a la capital de Bolivia. Aprovechamos las horas antes de nuestro autobús que salía a las 7 de la tarde para darnos un buen homenaje en un restaurante japonés, Fer lloraba al cambiar el pollo y arroz por Sushi. Tras la comilona, un buen paseíllo por el mercado de las brujas en el que vendían todo tipo de productos sexuales muy cachondos, animales disecados y millones de amuletos. También cambiamos guías, compramos libros y ciao ciao La Paz. Portada.

 

                    Bolivia: La Paz

Copacabana e Isla del Sol

Nos cogimos el primer colectivo que salía de Puno hacía el sur para intentar llegar a la frontera con Bolivia lo antes posible. Ya de camino por la costa que bordea el lago pensábamos que Perú se había acabado! Matea, que no pensaba cruzar por tema de visados nos acompaño porque no quería perderse la Isla de Sol y la convencimos para que se arriesgase a cruzar la frontera. En el pueblo antes de la frontera, cambio de soles por bolivarianos, un mototaxi de tres ruedas unos tres kilómetros y a cruzar la frontera a patita. Ya al otro lado, un taxi colectivo hasta nuestro destino, un hostalillo en Copacabana. El pueblo tiene una bonita puesta de sol desde el cerro pero ni se acerca a lo que su nombre sugiere. La catedral colonial es importantísima dentro del país y tiene una plaza de armas bien grande en comparación con el pueblo pero nada de más allá. Un inciso para volver a poner verdes a todos los que se ganan la vida intentando timar al turista en estos puebltos!

 

Lo que si hicimos fue darnos el gusto de ver la puesta de sol con unas cervezas, algún hippy americano y un neocelandés que dejo de piedra a Fer. Se había venido a esta zona del Titicaca para tres semanas a estudiar los diferentes yacimientos Incas y preincas y toda la mística que había alrededor de estos pueblos. Nos enseño fotos de puertas dimensiónales, antiguas tumbas y pequeños templos, nos habló de la adoración a Pacha Mama (la Madre Tierra en quechua) y hasta nos aclaró que los incas tenían tres leyes muy diferentes a las luego impuestas por los españoles. Supuestamente los conquistadores impusieron tres leyes: “no robaras-significando no me robaras las tierras” , “no mentiras- significando no hablaras a mis espaldas en quechua porque es un idioma no cristiano” y “servidumbre”  pero las tres leyes Quechua verdaderas eran: vivir de acuerdo a la tierra, reciprocidad con el mundo entero y amor incondicional. Son bastante diferentes no? Este tío había pasado una semana entera en la Isla del Sol, donde la gente pasa uno o dos días a los sumo y sería nuestro destino. Portada.

Bolivia: Copacabana

 

Nos fuimos a por cosas mas terrenales y en un sitio genial, La Cúpula, cenamos una fondue de queso y una lasaña bestiales….destrozaditos del día, sólo nos quedaba recoger la colada y a dormir que mañana tendríamos que ver con nuestros propios ojos la Isla del Sol. Según cuenta la leyenda, aquí nació el primer Inca. El primer hijo del Sol nació cuando los rayos tocaron el lago…de ahí el nombre de la isla. La única manera de cruzar es en barco. Un par de euros y te dejan en la zona sur de la isla. Nosotros queríamos ir al norte pero no conseguimos reunir a suficiente peña para fletar otra lanchita así que con pocas ganas, nos pusimos a andar hacia el norte a ver hasta donde llegábamos antes de que se fuese el sol. Es gracioso el sistema que tienen los comuneros de cobrarte por zonas de la isla, pero te sientes de nuevo algo estafado. El echo es que tras tres horitas de caminata llegamos justo donde queríamos, a ver la puesta de sol desde la zona norte. Os dejamos con las fotos porque no se puede describir. Portada.

Bolovia: Isla del Sol 

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Tan embobados nos quedamos que se nos hizo de noche y perdimos el sendero de bajada hacia el pueblo al que teníamos que haber llegado antes. Con los frontales, entre ramblas, algún seto y saltándonos los muros de los campos íbamos bajando hacia la luz y cuando ya llevábamos unos 30 minutos, nos vinieron a rescatar los chavales del pueblo e indicarnos el camino de bajada. Ni siquiera nos buscamos un sitio donde dormir porque no habíamos comida y la fiera rugía con fuerza. En uno de los dos barecillos del pueblo nos juntamos una buena panda. Cinco argentinos, un chileno, tres españoles y una eslovena contra diez truchas, siete botellas de vino y alguna cerveza. La noche se acabó alargando en la playa con una caja entera de cerveza y discusiones sobre política, el futuro del mundo, cine y libros. Con alguna ese y la cabeza todavía en la puesta de sol nos acogió en su cuarto el chileno y como habíamos hecho compartido la bebida compartimos tres camas entre seis. El día siguiente éramos unos cadáveres así que nos hicimos mas que esperar al sol al barco, que tras una parada para almorzar en el sur de la isla, nos dejo de nuevo en Copacabana.

 

Aquí son un poco empanados, vamos, despistados, y se nos ha pegado algo o eso parecía….quizás era la resaca. Cerca también hay una isla dedicada a la Luna, el astro de la fertilidad femenina pero no teníamos tiempo…tendremos que volver. El bus a la Paz pasaba por un río, así que a desembarcar, cruzar en lanchita y de nuevo en camino. La llegada a La Paz, un poco deprimente la hicimos por el Alto, una cuidad vecina que podría bien ser la India. Hostalito y a descansar!