Archivo de julio, 2009

Peninsula de Coromandel

Pese al madrugon, tuvimos la suerte de que Brendon nos hiciese un favorazo recogiéndonos y llevándonos hasta el sitio de alquiler. Salimos de Auckland después de pelear duro con los del alquiler de la furgo. Habíamos elegido esa furgo por sus extras (conexión ipod, DVD, Cocina desplegable…) y ninguna de esas cosas funcionaba! Dos horas de espera pero nos marchamos con todo impecable y descuento en el precio. A veces quejarse tiene su recompensa! Nos esperaba la carretera de la costa hacia el sudoeste y nada mas salir de la cuidad volvimos a alucinar con la naturaleza y las vistas espectaculares. Cuando no es montaña de bosque, es pradera verde con ovejas y vacas. Se ve algún pueblin pero ¡sabéis que en Nueva Zelanda sólo hay 4 millones de personas?! Para quedarse tirado en la carretera. Intentamos coger un atajo para recuperar las dos horas perdidas y nos encontramos de nuevo en una carretera de tierra y barro con selva tropical por todos lados. Sólo cabía un vehiculo y la suerte nos acompaño al no cruzarnos con casi ninguno, íbamos a 10 y pitando en cada curva!

Ya en la costa nos esperaba la atracción de la zona, HOT WATER BEACH. Si, si, aunque suene a coña pero te puedes bañar en el mar haciendo una piscinita con una pala mientras hace un frío helador en el mar. Debíamos esperar, eso si, a la marea baja, así que para hacer tiempo nos fuimos a un pueblin a sólo 5km para ver la Cueva de la Catedral. Tienes que hacer un minitreking para bajar a la playa, una calita. A la derecha tiene la cueva, a la izquierda una minicascada y al frente peñotes en el mar a modo Bahía de Halong. Una tenía hasta forma de menina! Se parece un poco a lo que vimos cerca de Melbourne! Portada del albúm.

Nueva Zelanda: Península Coromandel

El paseo fue espectacular, y más de vuelta, cuando pasamos por una zona de bosque en la que hasta David el Gnomo habría soñado vivir. Helen esta convencida de que existen los gnomos y que viven perdidos por nueva Zelanda.heheheeh.

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De vuelta en la playa con la marea bajando, la gente se lanzaba a hacer sus murallas para mantener el agua caliente mientras los últimos surfistas se salían del agua. Con algo de pereza, un cielo gris que daba miedo, viento y olas nos fuimos medio vestidos a ver como era. Se acercaban las 6 de la tarde, cuando anochece pero nos remangamos los pantalones y mangamos el intento de piscina a un grupo que acababa de irse. Al principio nos encantó y ya estábamos soñando con pillar la marea baja de la mañana siguiente y hacernos una foto en bikini dentro de la piscina con el gorro puesto. Eso fue hasta que llegó una ola, llevándose nuestra piscina, nuestro sueño y dejándonos empapados hasta la cintura.

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Descompuestos fuimos corriendo hasta la furgo con los pies dormidos del frío. Como último esfuerzo, empapados y teniendo que dormir al raso, hicimos algunos kilómetros más hasta otra playa menos turística en la que no vendría a por nosotros el ranger a multarnos. Fer se curro durante 30 minutos los mejores carbonara del siglo y para dentro a vernos una peli otra vez recogiditos entre cinco edredones. Helen tuvo pesadillas esa noche, no paraba de llover y el camino por el que habíamos bajado hasta la playa lo veíamos cada vez más encharcado. Al día siguiente vimos que estábamos en una playa con su rio igual de bonita pero la lluvia lo jodía todo, mirad a Fer en la foto.

Desde el otro lado del mundo…

Ahora sí que sí estamos mu mu lejos…nada más y nada menos que el otro lado del mundo. Nueva Zelanda es exactamente el punto más distante de España….

Como pasamos de las copas al aeropuerto nada más entrar en el avión caímos redondos las tres horas del vuelo. Poco antes de aterrizar nos despertamos y no os podéis imaginar lo bonito que fue el aterrizaje. Los que hayáis visto el Señor de los Anillos os podéis hacer una idea. Se veían millones de entrantes y salientes de montaña verdes en el océano. Bueno, por ahora parece que no es para tanto y aún no nos hemos convertido en cubitos de hielo al pisar Nueva Zelanda, nos sorprendió el calorcito de Auckland.

Matados nos dirigimos al hotelillo donde echarnos una macrosiesta. Es el último de los buenos hoteles que tenemos de regalo y pensábamos aprovecharlo. Con deciros que sólo salimos a cenar porque nos pudo el hambre… Nos dio tiempo a planear un poco el viaje por estas tierras y alquilar de nuevo una furgoneta! esta vez la que queríamos, y comprar un billete de avión y otro de ferry. Si si, somos unos valientes y al final nos lanzamos a por las dos islas con montañas, hielo, nieve y frío de por medio.

Hoy después del desayuno y el check out (casi lloramos de dejar esa camita) hemos quedado con Brendon, un colega de Cris que conoció Helen en Londres. El plan era llevarnos a una playa famosa cerca de Auckland, pero hemos tenido mala suerte y la llave del coche se ha partido en dos dentro de la cerradura. Cambio de planes mientras lo arreglan. Cervecita, paseo y nos ponemos en marcha a recoger a otro amigo suyo, Duncan. Ya el camino nos ha dejado hipnotizados. Nos hemos alegrado de haber cogido la furgo para mañana. Había que subir y bajar montañas atravesando una selva subtropical llena de palmeras para llegar a la playa. La zona en verano está repletita pero nosotros la hemos encontrado vacía, sólo algunos locos surfistas se atrevían con las olas y el agua fría. Es la playa más peligrosa de toda Nueva Zelanda y hasta tienen un programa de TV sobre los salvavidas y la gente que se ahoga alli,  muy jarto! La playa tiene un peñón enorme en el centro, como Monsul pero a lo grande. Aquí cerca rodaron la película de “El Piano” y las vistas desde el camino son espectaculares. Portada.

Nueva Zelanda: Alrededores de Auckland

Melbourne y Great Ocean Road

Llegamos a Melbourne ya de noche con lo que nos fuimos directitos al hostalillo. Silenciosos para no despertar a ninguno de los 12 inquilinos de la habita nos pusimos los pijamas y a disfrutar de una camita de verdad después de 20 días de furgo. Por la mañana fue una pesadilla, la perdimos entera venga a llamar a todas las autopistas a ver si eran de peaje y si habíamos pasado…un caos, pero no había otra. Los ca… del alquiler no nos habían informado y por cada impago de peaje reciben 50$.

Pese a ser ya tarde cuando al fin salimos del hostal, Melbourne estaba más vivo que nunca. Al contrario que otras ciudades australianas, esta ciudad no es nada tranquila y se respira mucha vida en la calle, las terrazas, los bares y las millones de tiendas que hay. Se dice que Sydney es más americana y Melbourne más Europea. Comimos en un bar del centro, una terraza que daba a una calle principal unos nachos y unas croquetas de rissoto brutales! Para bajar la mole paseamos por las calles y parques hasta llegar al barrio de Fitzroy. Melbourne es muy famosa por sus chocolaterias, están por todos lados, hasta el punto que un chocolate con churros lo disfrutan igual que en España. Ya ves Ramón, al final lo hemos hasta encontrado!

Fitzroy es un barrio lleno de cafés style, tiendas de diseño y segunda mano y bares de noche. Nos gustó  mucho. Las tiendas estaban cerradas pero los escaparates tenían una pinta bestial. Todo el mundo había acabado el día y estaba sentado en algunos de los barecillos. Hicimos lo mismo pero cambiamos cerveza por cafelillo para combatir el frío. La verdad, después de estos días nos hemos resfriado un poco y tenemos las defensas ahí ahí. En el hostalillo de vuelta conocimos a Cote y René, chileno y mezcla entre alemán, español y chileno. Con habla española siempre es más fácil y como que sales de las típicas conversaciones que tienes con otros bacpackers. A los 2 minutos ya estábamos organizando para ir los 4 juntos al día siguiente a visitar The Great Ocean Road.  

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Salimos pronto por la mañana para que nos diera tiempo a visitar la zona en un día. The Great Ocean Road como su nombre indica es una carretera paralela al mar que recorre parte de la costa sur australiana. A un lado llevas el mar con sus playas paradisiacas o sus acantilados y peñones y al otro praderas, lagos y bosques de eucalipto. Es muy bonito aunque nos pareció muy similar al norte de España. Lo más famoso son los 12 apóstoles, aunque quedan solo 7, son peñotes de roca que salen del mar de un tamaño inmenso. Lo pasamos genial en el coche los 4 recorriendo la zona, parando a ver los sitios, a picar algo y hablando y riendo mucho. Encontramos tortas de aceite españolas, Fer no pudo resistirse y se compró un paquete entero. Lo que no vimos fue Koalas en libertad, René, Fer y Elena nos fuimos muy tristes, el gañán de Cote que había estado viviendo en Brisbane y había visto ya hasta Ornitorrincos.

El tercer día se lo dedicamos a la ciudad, aunque primero tuvimos que pasar a por unas cosas olvidadas en el coche. Por la mañana nos fuimos los 2 y pasamos por Federation Square donde está el museo de Melbourne y toda la zona centro. Nos encantó una calle llena de Grafitis cedida por el ayuntamiento para pintar. La primera es la portada!

Melbourne y Great Ocean Road  DSC_1321

A las 2 pillamos el tranvía, nos perdimos, que habíamos quedado con René y Cote en San Killda para comer y pasar la tarde. San Kilda es igual que el resto de Melbourne, millones de cafés y tiendecillas pero esta vez con la bahía al lado. Comimos en un restaurante que nos recomendó una japonesa y era orgánico vegetariano, nos quedamos todos lampando. La merienda entonces calló acto seguido en una de las millones de pastelerias de la zona. En la zona también está el Luna park, un parque de atracciones muy famoso por la entrada que es una cara gigante. Intentamos subir a una de las atracciones, una montaña rusa que daba la vuelta al parque y desde la que se veía el mar, lo malo es que justo esa era la única cerrada, nuestro gozo en un pozo. El atardecer lo vimos en el embarcadero, con el skyline de la ciudad en un lado, la bahía en otro y el sol en medio. Supuestamente en ese lugar hay pinguinos que tampoco vimos, creemos que René nos traé mala suerte, jajajaja, antes de estar con el siempre veíamos bichos.

           PLaya San Kilda  DSC_1366  DSC_1379  DSC_1395

René se tuvo que ir esa misma tarde, penita no se quedase a salir. Nosotros 3 nos fuimos a vivir un poco el Melbourne nocturno con otro colega suizo llamado Hayden. Cenita y copeo hasta la hora de salir al aeropuerto, muertitos nos metimos en el avión a mimir hasta Nueva Zelanda. La verdad es que ha sido un gusto pasar estos días con nuestros 2 nuevos amigos, lo hemos pasado genial! A Cote le veremos pronto en Santiago de Chile!

De vuelta en la carretera

Tras Lady Musgrave y nuestra aventura submarina nos quedaban unos 5 días para volver a recorrer todo el camino de vuelta a Sydney, dónde teníamos que devolver la furgo y coger un avión para Melbourne. Nos hicimos la travesía de vuelta parando en algunos sitios donde ya habíamos estado como Nimbin o Byron Bay, los dos están a mitas de camino y nos habían encantado. Disfrutamos del sol y el calorcito por el día y de los atardeceres en la montaña y la playa. Como no, volvimos a ver canguros y a los mismos colgaos en Nimbin, paseamos por su mercado de domingo con un cafe y en Byron Bay fue una pena que no hubiese surf. Portada!

Australia: De vuelta en la carretera

Byron Bay 1

 También descubrimos algunos sitios nuevos como Red Rock. Es un pequeño pueblo, fuera de la típica ruta de pueblos que sigue todo el mundo. Como no, llegamos ya de noche y no pudimos más que cenar bajo las estrellas y refugiarnos del frío. Por la mañana todo cambió! Nos despertamos con el ruido de los loros que sobrevolaban la furgo y los restos de la cena, ¡Si son los del Australia Zoo! Desayuno al canto y llega el vecino a decirnos que a escasos metros, en el camino a la playa hay una pitón al sol. Joer, si la veo de noche se me ponen de corbata pero ahora duerme tranquila al sol. Ese caminito nos levaba a una playa espectacular casi para nosotros solos. Y en mitad de la bahía, delfines!!! Un grupo grande que pescaba el desayuno nadando con las olas!

         Desayuno de loro   DSC_1219  La pitón   DSC_1236 

Menuda mañana, estamos de vuelta, llevamos 19 días y no queremos volver, se nos ha pasado volando! Si es que Australia mola un huevo! Ese mismo día volvimos ha hacer carretera. Tuvimos suerte al encontrar un camping donde nos dejaron dormir por 10 dólares y tomarnos una rica pasta en la última cena de la furgo, el día siguiente sería largo.

el cielo nunca se acaba

Entramos en Sydney como en casa, por el puente de la bahía para hacer unas últimas cositas. Luego resultaría que es de peaje electrónico y que hay más por todo Australia, que tienes que pagar por Internet o teléfono y no lo sabíamos! Pasado el susto de las multas que todavía tenemos que arreglar,  todavía teníamos que pasar por un par de tiendas, mandar postales, limpiar la furgo y devolverla, reparar la cámara y por último, hacer una visita a la oficina de Profero (la empresa de Helen) en Sydney. Allí nos recibieron y estuvimos charlando con el director un rato, se quedó con nuestros curriculums por si acaso en un futuro podemos volver! Todavía nos queda mucho viaje por delante y muchas cosa que ver, pero Sydney es un sitio donde nos quedaríamos a vivir un añito sin pestañear. Rápido y corriendo todo el día, casi sin tiempo para comer, llegar al aeropuerto y echar de menos nuestra pequeña casa con ruedas.

Lady Musgrave

A unas 70 millas de la costa y en mitad de la masa de agua del pacífico hay una pequeña laguna formada por arrecife de coral. Agua cristalina con arena blanca protegido por una barrera de coral con una isla desierta en medio. Es simplemente el paraíso y uno de los lugares más exóticos en los que hayamos estado. El día no acompañaba, un frío, un viento, el mar alborotado y además un madrugón. Aún así, estábamos impacientes por llegar; acurrucaditos en la cubierta del barco y apunto de visitar la parte más sur de la Gran Barrera de Coral. A esta isla, o tienes barco propio, o no puedes llegar sino es con un grupo. Se puede acampar allí siendo 100% autosuficiente pero era demasiado caro, lo dejaremos para otra ocasión.

Ya en el barco decidimos que era un buen momento para hacer otra de esas bajaditas a lo profundo del mar que habíamos aprendido en Lembongan. Habíamos dejado pasar la oportunidad en las Phi Phi de Tailandia pero esta vez no lo queríamos dejar pasar. Nos habían dicho que había tiburones, tortugas, mantas…eso junto con los nervios de bajar hasta allí nos tuvo todo el camino excitados. Al ir acercándote al lugar ves la diferencia de colores entre el agua fuera de la laguna y el propio oceano, es precioso. Nada más llegar nos quitaron el café de bienvenida de las manos y corriendo a la lancha que nos llevaría al fondo del mar. Pequeño recordatorio de cosas básicas y al agua patos. Hemos de decir que nos dio mucha tranquilidad tener a una mami y a su hijo de 14 años haciendo como nosotros su 5ª inmersión.

 A por el 5º diving...con tibus

Se trataba de un Drift Dive, esos que os contamos que te vas dejando llevar por la corriente pero mucho más Light que el que tuvimos en Bali. Apenas habían pasado 2 minutos y nadando tranquilamente por el costado de la barrera vimos un tiburón de arrecife de metro y medio. Joe joe, y nosotros a 2 metros, da menos cague con la indumentaria puesta, hay algo que te hace sentir seguro. Bueno, también nos habían dicho que 0 peligro, jajaja! Vimos otro tiburón de esos que levanta un pincho para cazar y vive pegado al fondo y es de varios colores, una tortuga y millones de otros peces. Helen tuvo que recortar su tiempo de pez ya que agotó el aire de su bombona demasiado rápido. Su regulador funcionaba raro y lo dijo antes de tirarse al agua, pero estos comparados con nuestro profe eran bastante desastres con el material. Pena no tener fotitos, pero nuestra cámara no da para bajar tanto.

Nada más volver de la aventurilla y con el tiempo pegado al culo, preparamos un plato de comida, lo dejamos en la nevera, y nos embarcamos en otro barquito que nos llevaría a la isla para dar un paseillo. La isla es mini, la recorres en nada, pero apenas te dejan tiempo de disfrutarla. En ese momento nos morimos de rabia de no haber podido pasar la noche allí. El interior es selva y la costa es de arena y coral blanco con alguna roca. Es la casa de las tortugas y los pájaros, los único habitantes del lugar. A las tortugas es complicado verlas en tierra ya que solo van allí a dejar sus huevos. Más rápido de lo que queríamos estábamos de vuelta en el barquito. El fondo era de estos transparentes y vimos más tortugas; fichamos su posición para volver a verlas con los snorkel.

         Playita de musgrave   P7160259   P7160264   Que rico el solete 

Comimos en 2 mini segundos la comida mala que daban abordo, nos pusimos el neopreno y heladitos nos fuimos en busca de las tortugas. Llegamos al punto donde estaban antes y ya se habían ido… decidimos ir por otro lado y empezaron a aparecer. Primero vimos una tumbada en el coral mientras los peces comían de su caparazón. Luego aparecieron 2 más, una tercera nadando. Estábamos los 2 solos con unas 6 tortugas a los alrededores y gozando como niños pequeños. Tuvo que venir un barco para avisarnos de que ya estaba todo el mundo abordo y que empezásemos a nadar de vuelta que salíamos en 10 minutos. Fue una experiencia inolvidable, hasta el tiburón se nos quedó corto con tanta tortuga molona. La foto de Helen bajando hasta la tortuga es la portada!

  A por ella   La Tortuga Morla

El día hubiese sido perfecto si hubiésemos tenido al final una buena ducha de agua caliente. El camping de 5$ no da más de sí y solo tenemos la ducha de agua fría de la playa en la que te quedas pajarito. La mami del buceo nos ofreció ir a su casa a ducharnos pero eran 5 y creímos que ya bastantes eran para una ducha. Mañana ya empezábamos a bajar y esperamos tener agüita caliente por la noche.

Esa noche soñamos con más tortugas nadando con nosotros.

Pd: El nombre de la isla viene dado porque Lady Musgrave celebraba ahí sus fiestas de té.